Sentada en la estación pude sentir tu mano cálida sobre la mía.
- ¿Amor, como hemos llegado aquí?
No hay respuesta, no eras tú, no estabas ahí ya. Era el viento que me traía tu esencia de lejos.
He visto pasar un sinfín de trenes, ninguno es el mío, no deseo irme.
No recuerdo el lugar en donde te perdí, en que momento te solté y me extravié.
Recuerdos vagos… mi mente me engaña, una parte de ella me obliga a olvidarte, a sacarte, a no reconocerte mas…
Pero… el otro fragmento de ella, se niega a borrarte, se empeña a mantenerte vivo, a fantasear que sigues esperando junto a mí, el próximo tren.
Regreso a la realidad, hago memoria y escucho en mi cabeza de nuevo tus palabras:
- Es tarde ya, es hora que subas al vagón, solo hazlo y no mires atrás.
Pero no puedo, ¿Cómo pides olvidarte? ¿Cómo pides dejarte?
Las memorias no paran, sigues pasando vertiginosamente en mi cabeza…
Música… tu música que marcaba el ritmo de mi vida. Las viejas noches bohemias, los viejos encuentros cálidos entre noches heladas de enero, los detalles disimulados…
Lo deshice. Nos desgastamos y de un fuerte golpe, hice que todo se viniera abajo.
¿Qué me ata a este lugar? Tu falsa voz que viene a cantarme en las noches…
El olor de tu ser que se quedó impregnado en mi piel…
Tu música que se quedó vibrando en mi cuerpo…
Y los espacios en blanco se me agotan… ya no quedarán mas palabras, tal vez salgas y por fin me marche…
Mas por hoy, sigo aquí, sin saber tomar camino, estancada en la misma estación… con el desvelo de esperarte…
sábado, 7 de marzo de 2009
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2 comentarios:
Eres admirable, te amo
Hola.
Esto que escribes me recuerda mucho a la cancion de "penelope" de Juan Manuel Serrat jeje... No es exactamente la misma idea, pero eso se me viene a la cabeza.
Saludos.
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